Continuó andando
sin descanso durante horas, la parte del túnel por la que había entrado estaba
derrumbada solamente podía seguir hacia delante, le dolían los pies y los
párpados le pesaban, descargó la mochila en un recoveco y descansó durante un
rato.
A la mañana siguiente se encontraba en su
destino.
Llegó a unas cuevas
donde tenia preparado para él y su familia un escondrijo, ahora sólo lo
utilizaría el, dejó pasar la tormenta y fue a buscar los cadáveres para darles
digna sepultura.
La que antes era
una hermosa cabaña, ahora era desolación y muerte, los árboles que quedaban en
pie, se encontraban en muy mal estado, pero al menos había conseguido lo que
quería, que le dieran por muerto, así después de enterrar a su familia tendría
tiempo de vengarla.
Todo el tiempo
había trabajado para que la ira no se apoderara de él, pero esto le había
llevado a su propio límite y sus ojos ya no reflejaban ternura y paz si no
odio.
Tenía claro donde
se escondía el cobarde de Nikolai y que seguramente si atacaba ahora; cansado y
sin armas no llegaría a su despacho o posiblemente lo mataría antes de que
pudiera entrar, pero tenía que ir, necesitaba vengar a su familia y morir en el
intento valdría la pena.
Después de dar
sepultura a la mujer que nunca había dejado de amar y a su joven hijo, “un
padre nunca debería tener que enterrar a su hijo”, se repetía una y otra vez
mientras tiraba arena y nieve desde lo alto del hoyo, descansó unos días en las
cuevas buscando la mejor solución y un plan de ataque eficiente, como le había
enseñado su padre.
Pensando, recordó
la casa del lago Onega cerca de Petrozacodsk a casi 1000 Km de Moscú, el
problema sería el llegar allí, tantos kilómetros no los podía hacer a pie, moriría
congelado, los transportes públicos estaban descartados, seguramente lo descubrirían
antes de llegar a San Petersburgo, así que sólo restaba en vehículo particular pero
¿cuál? No le quedaba ninguno, había volado todo por los aires, posiblemente montaña
abajo quedara alguna de las furgonetas de los hombres de Nikolai pero no las
tenia todas con él, en el caso de que quedara alguna la tendía que revisar a
conciencia por si llevara algún localizador, no quería que lo descubrieran tan
pronto después de tanto esfuerzo.
Y aún con vehículo la ruta sería peliaguda, las
carreteras principales solían estar controladas por los militares y el gobierno
y las carreteras secundarias estarían intransitables por las tormentas habría
que arriesgar mucho pero al menos tendría una posibilidad si llegaba al lago y
se rearmaba.