10 abr 2012

Provisional (Capítulo I. Duodécima parte)


Continuó andando sin descanso durante horas, la parte del túnel por la que había entrado estaba derrumbada solamente podía seguir hacia delante, le dolían los pies y los párpados le pesaban, descargó la mochila en un recoveco y descansó durante un rato.
 A la mañana siguiente se encontraba en su destino.
Llegó a unas cuevas donde tenia preparado para él y su familia un escondrijo, ahora sólo lo utilizaría el, dejó pasar la tormenta y fue a buscar los cadáveres para darles digna sepultura.
La que antes era una hermosa cabaña, ahora era desolación y muerte, los árboles que quedaban en pie, se encontraban en muy mal estado, pero al menos había conseguido lo que quería, que le dieran por muerto, así después de enterrar a su familia tendría tiempo de vengarla.
Todo el tiempo había trabajado para que la ira no se apoderara de él, pero esto le había llevado a su propio límite y sus ojos ya no reflejaban ternura y paz si no odio.
Tenía claro donde se escondía el cobarde de Nikolai y que seguramente si atacaba ahora; cansado y sin armas no llegaría a su despacho o posiblemente lo mataría antes de que pudiera entrar, pero tenía que ir, necesitaba vengar a su familia y morir en el intento valdría la pena.
Después de dar sepultura a la mujer que nunca había dejado de amar y a su joven hijo, “un padre nunca debería tener que enterrar a su hijo”, se repetía una y otra vez mientras tiraba arena y nieve desde lo alto del hoyo, descansó unos días en las cuevas buscando la mejor solución y un plan de ataque eficiente, como le había enseñado su padre.
Pensando, recordó la casa del lago Onega cerca de Petrozacodsk a casi 1000 Km de Moscú, el problema sería el llegar allí, tantos kilómetros no los podía hacer a pie, moriría congelado, los transportes públicos estaban descartados, seguramente lo descubrirían antes de llegar a San Petersburgo, así que sólo restaba en vehículo particular pero ¿cuál? No le quedaba ninguno, había volado todo por los aires, posiblemente montaña abajo quedara alguna de las furgonetas de los hombres de Nikolai pero no las tenia todas con él, en el caso de que quedara alguna la tendía que revisar a conciencia por si llevara algún localizador, no quería que lo descubrieran tan pronto después de tanto esfuerzo.
     Y aún con vehículo la ruta sería peliaguda, las carreteras principales solían estar controladas por los militares y el gobierno y las carreteras secundarias estarían intransitables por las tormentas habría que arriesgar mucho pero al menos tendría una posibilidad si llegaba al lago y se rearmaba.

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