8 abr 2012

Provisional (capítulo I. Undécima parte)


Después de derribar a muchos, pocos conseguían a pesar del reflejo de la nieve y los trajes de camuflaje blancos pasar bajo la mirilla de los rifles y seguir con vida, la noche estaba llegando y tendrían que parar el asalto para recuperarse y volver a atacar, la noche sería fría por lo que si no atacaban acamparían alejados y eso Vladimir lo tenía previsto.
En un principio la noche comenzó tranquila, las PKM ya hacia horas que no tenían munición y ahora se oía perfectamente el aire entre las ramas desnudas y secas, el crujir de la nieve a cualquier leve pisada, seguramente en poco tiempo estaría rodeado y se reuniría con su familia, tenia hambre, frío y se quedaba sin munición; la sobrante artillería estaba en el cobertizo que los soldados habían hecho volar en pedazos para que no pudiera escapar con el vehículo, el plan del asalto no le estaba saliendo como esperaba y había pensado incluso en rendirse o suicidarse, pero apunto de apretar el gatillo de su Makarov vio en la mesita la foto de familia en el bautizo de Mijaíl y se levantó del suelo, cargó con las armas y empezó a disparar desde las ventanas gritando:
-  ¡Si he de morir, moriré luchando por lo que quiero y vosotros no seréis quienes acabareis conmigo! -
Los asaltantes aunque muchos, retrocedían varias veces ante estos repentinos ataques, las granadas volaban por las ventanas y luego se cerraban y no dejaban entrar nada, por unos orificios pequeños asomaban los cañones de las armas, las defensas estaban bien logradas.
Entrada la noche y con varios momentos de descanso en los que Vladimir contaba la munición que le quedaba, preparó la posible venida e intromisión a la cabaña.
Horas después pasada la media noche, se activó la cuenta atrás de un potente explosivo que destruiría toda la cabaña y parte de los alrededores donde se encontraban los soldados, como no había dejado de nevar los cuerpos de Nastasha y Mijaíl estarían a salvo debajo de la nieve que los cubría, cogió un mapa y marcó la posición en el trozo de papel, en una pequeña mochila metió provisiones para unos días y la poca munición que le quedaba y las armas que podía llevar a cuestas, estaba cansado, colgó de las ventanas telas blancas en señal de rendición y se sentó a esperar cerca de la chimenea.
El cebo estaba colocado, la presa tendría que salir a cazar, llegaron los primeros soldados activando mediante un cable poco visible la aproximación lenta pero decidida del detonador, Vladimir se levantó del sillón, se metió en la chimenea y desapareció dejando un muñeco a su imagen y semejanza en el sillón de al lado, no había avanzado por el túnel ni cien metros cuando de pronto todo tembló, unas pequeñas piedras y polvo del techo le sacudieron en la cabeza y aceleró el paso, no se había metido ahí para que fuera su tumba, el túnel de la vieja mina no aguantaría mucho más.

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