A la conclusión de la Segunda Guerra Mundial y durante los inicios de la Guerra Fría, un poderoso mandatario de la KGB tuvo la fortuna de ser padre; su hijo estaba llamado a ser importante y él lo sabía; heredaría su puesto rápidamente y sería capaz de todo.
El niño creció en el contexto de la guerra y presenció crueles y sangrientas batallas, pero a él no le importaba nada de eso; siempre estaba leyendo y estudiando. A una temprana edad ya era más inteligente que el resto de sus compañeros clase; su padre, al contrario, empezó a desilusionarse ya que Vladimir no ponía interés alguno en la comprensión de asuntos militares... solamente quería aprender más y más, sin especializarse en las grandes cuestiones bélicas. Al final, el padre cedió y permitió al muchacho acceder a estudios superiores, pero con una condición: que se pusiera al servicio de la Madre Rusia una vez terminada su formación, el joven aceptó sin dudarlo para poder avanzar en su carrera.
Sin esfuerzo, ingresó en una prestigiosa universidad, donde conoció a sus dos mejores amigos: Nikolai, un precoz genio algo excéntrico pero de buen carácter, con el que hizo buenas migas y Nastasha, una bella dama a la que una pecosa cara le confería un inocente aspecto de niña. Vladimir quedó prendado de la tierna Nastasha en el mismo instante en que la vio, un sentimiento que no era recíproco, lo cual no impidió que el joven no se separara de ella ni un instante durante todos los años de carrera.
Con el transcurrir de los años, Vladimir estaba cada día más prendado de Nastasha, que a veces parecía corresponderle y otras, en cambio, se mostraba desdeñosa, lo cual traía de cabeza al pobre enamorado,que trabajaba duro para sacar las mejores notas y era, en extremo, gentil con su amada; un esfuerzo estéril, ya que esta apreciaba otras cualidades... cualidades que el propio Vladimir, hacía tiempo, había ocultado o, tal vez, incluso olvidado.
Una vez finalizada la carrera de físico-nuclear, su padre lo instó al servicio de la patria, a lo que no pudo negarse, en virtud de su vieja promesa, aunque con una condición: que sus dos grandes amigos de la Facultad, formaran parte del grupo de investigación, pues se conocían bien y trabajarían mejor y más rápido.
No obstante, los espectaculares avances de Vladimir esperanzaron tanto a Alexander que tomó la decisión de dejar para más adelante la incorporación de Nikolai y Nastasha al proyecto. Fue así como, durante largo tiempo, el joven investigador prosiguió su labor sin apartar ni un solo segundo de su pensamiento el vívido recuerdo de su amada:el olor de sus cabellos, el color de su suave piel, su dulce y melodiosa voz, la profundidad de su mirada, su larga y bella cabellera... mirara donde mirara sólo veía a Nastasha.
No obstante, los espectaculares avances de Vladimir esperanzaron tanto a Alexander que tomó la decisión de dejar para más adelante la incorporación de Nikolai y Nastasha al proyecto. Fue así como, durante largo tiempo, el joven investigador prosiguió su labor sin apartar ni un solo segundo de su pensamiento el vívido recuerdo de su amada:el olor de sus cabellos, el color de su suave piel, su dulce y melodiosa voz, la profundidad de su mirada, su larga y bella cabellera... mirara donde mirara sólo veía a Nastasha.
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