31 dic 2011

Capítulo I. Tercera parte

   Vladimir no conocía nada acerca de este asunto y por ella no lo sabría jamás, habría sido peligroso para todos.
   Pasaron los años entre laboratorios y pruebas y, finalmente, Nastasha terminó enamorándose locamente de Vladimir; él nunca había dejado de quererla, así que no fue nada complicado que, al poco, se casaran. Un par de años más tarde, llegó al mundo el primer hijo de ambos, y esto fue la causa que desencadenó de la rabia de Nikolai. Bastante amargura había tenido que reprimir como testigo del enlace como para que, ahora, le pidieran ser el padrino del recién nacido. En un ataque de rabia y celos se inventó una historia de espionaje contra ellos y los falsos testimonios acabaron por llegar a los altos cargos del gobierno y a la KGB.
Al padre de Vladimir no le llegaron a convencer las acusaciones y a otros que le apoyaban tampoco, aunque no dijeron nada, pues no querían que les tacharan también de traidores; simplemente, ayudaron a la joven pareja y su hijo a esconderse donde nadie les pudiera encontrar.
   Pero el odio y la rabia de Nikolai eran muy fuertes y no cejaría en su empeño de verlos entre rejas... o, mejor aún, muertos. Gracias a su astucia, ascendió rápidamente en los escalafones de mando de la KGB y, así, pudo dirigir la búsqueda de primera mano. No consiguió nada, pues estaban bien escondidos.
   A finales de los ’80, Alexander, el padre de Vladimir falleció; la noticia apareció en todos los medios de comunicación por orden de Nikolai, quería que los perseguidos salieran de su escondite y el anuncio de esta muerte era el reclamo perfecto.
   En Moscú se preparó un gran velatorio con todos los honores a su cargo; Vladimir no quiso ir y le prohibió a Nastasha que se acercara a la ciudad durante esos días, pues se había criado con la KGB y sabía cómo funcionaban... estaba seguro de que los estarían esperando. A la mañana siguiente, Nastasha se caracterizó lo mejor que pudo cogió al pequeño Mijaíl y partió hacia Moscú mientras Vladimir dormía.

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