En cuanto la mujer y el niño murieron a causa
de los impactos de bala y la pérdida de sangre, Nicolai se esfumó en la
furgoneta no sin antes enviar a sus hombres hacia la cabaña para apresar o
matar a Vladimir. Y estos que fueron confiados en que a causa de la escena que
acababa de vivir su presa estaría destrozada, se equivocaron y Vladimir activó todas las defensas que poseía la cabaña instaladas por si mismo, así como las
trampas en las que caerían sin remedio esos pobres hombres que solamente recibían
órdenes.
Quitó los doble fondo de armario donde
guardaba las armas y las dispuso en su casa como mejor pudiera defenderse junto
con bastante munición para soportar un ataque bastante contundente, las armas
más fuertes las puso en el segundo piso ya cargadas para ahorrar un tiempo
precioso que necesitaría para su defensa, se colocó el chaleco de protección que
perteneció a su padre y en los bolsillos del mismo metió cartuchos de escopeta
y cargadores para los subfusiles y las pistolas, no le cabían muchos así que
los demás estarían repartidos por la propia casa.
Las metralletas pesadas estaban entre los árboles, fuera de la casa modificadas con un detector de movimiento y otro de presión
alrededor de las mismas, así que cuando los soldados enviados por Nicolai
empezaron a pisar el radio de ataque de las PKM, estas se dispararon
automáticamente como se había programado anteriormente yendo de izquierda a
derecha describiendo un arco, posiblemente no alcanzaran blanco pero pondría nerviosos
a los soldados que avanzaban hacia la cabaña, mientras Vladimir desde las
ventanas superiores intentaba derribar a alguno gracias al Dragunov SVD que poseía
y al Mosin-Nagant que su padre le había restaurado y regalado. Derribó a varios
pero por detrás no paraban de llegar más, no sabia de donde salían pero había muchos
y con esas armas no podría hacerles frente.