Se pasaron años y años inútilmente intentándolo todo, cada
vez que estaban cerca cambiaban de localización solamente hacían que recibir
todo tipo de comunicados y peticiones y Vladimir cumplió con todas aunque de
nada le sirvió.
Llegó el final de la década de los ’90 y hacia años que la
KGB ya no era más que un recuerdo pero Nicolai y los suyos aun seguían en el
poder a las sombras de los demás.
Vladimir se cansó de ceder ante tales personas y a las
exigencias de una agencia que ya no existía, desesperados ante tal situación
Nicolai y los suyos tomaron medidas drásticas.
A varios kilómetros de la cabaña donde habían vivido durante
tantos años, aparcaron tres furgonetas mono-volumen, de una de ellas salieron
unos hombres que fueron hacia la parte de atrás de otra de las furgonetas y
sacaron dos bultos, eran la esposa y el hijo de Vladimir. Nastasha que durante
todo el viaje había estado sedada, se empezó a despertar cuando oyó un leve
pitido en su oído. Al poco escuchó una voz familiar, era Nicolai pero no lo vio
por ningún lugar cercano a ella, la voz le habló despacio pero contundente.
-Nastasha, soy Nicolai no puedes verme, llevas un auricular
en el oído interno que solamente puedes oír tu.- Le comentó el científico. –No digas
nada ya que no servirá y no te lo intentes quitar o tu hijo morirá delante de
ti.-Siguió diciendo. –Verás solamente queremos a Vladimir, de ti ya sabemos
todo lo que necesitábamos, nos ha costado pero gracias a Mijaíl lo conseguimos.-
Hizo una leve pausa y comenzó a decir de nuevo. –Sabemos que tenéis la casa por
estos parajes, pero no donde exactamente, simplemente llévanos hasta ella y te
prometo que nadie más sufrirá daño alguno. Nunca he querido llegar a esto pero
Vladimir te ha traicionado, se ha rendido y no quiere seguir ayudando con mis
objetivos, es un cabezota y tu lo sabes, adelante enséñame donde se esconde esa
rata.- Al acabar de decir la frase se
calló de repente.
Nastasha seguía un poco aturdida pero empezó a andar y de
pronto otra vez la voz precedida por el leve pitido.
-Nastasha querida – dijo con voz dulce -¿por qué no vais Mijaíl
y tu? Así no creo que haga ninguna locura…- Y cortó la comunicación.
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