3 ene 2012

Capitulo I Sexta parte


Se pasaron años y años inútilmente intentándolo todo, cada vez que estaban cerca cambiaban de localización solamente hacían que recibir todo tipo de comunicados y peticiones y Vladimir cumplió con todas aunque de nada le sirvió.
Llegó el final de la década de los ’90 y hacia años que la KGB ya no era más que un recuerdo pero Nicolai y los suyos aun seguían en el poder a las sombras de los demás.
Vladimir se cansó de ceder ante tales personas y a las exigencias de una agencia que ya no existía, desesperados ante tal situación Nicolai y los suyos tomaron medidas drásticas.
A varios kilómetros de la cabaña donde habían vivido durante tantos años, aparcaron tres furgonetas mono-volumen, de una de ellas salieron unos hombres que fueron hacia la parte de atrás de otra de las furgonetas y sacaron dos bultos, eran la esposa y el hijo de Vladimir. Nastasha que durante todo el viaje había estado sedada, se empezó a despertar cuando oyó un leve pitido en su oído. Al poco escuchó una voz familiar, era Nicolai pero no lo vio por ningún lugar cercano a ella, la voz le habló despacio pero contundente.
-Nastasha, soy Nicolai no puedes verme, llevas un auricular en el oído interno que solamente puedes oír tu.- Le comentó el científico. –No digas nada ya que no servirá y no te lo intentes quitar o tu hijo morirá delante de ti.-Siguió diciendo. –Verás solamente queremos a Vladimir, de ti ya sabemos todo lo que necesitábamos, nos ha costado pero gracias a Mijaíl lo conseguimos.- Hizo una leve pausa y comenzó a decir de nuevo. –Sabemos que tenéis la casa por estos parajes, pero no donde exactamente, simplemente llévanos hasta ella y te prometo que nadie más sufrirá daño alguno. Nunca he querido llegar a esto pero Vladimir te ha traicionado, se ha rendido y no quiere seguir ayudando con mis objetivos, es un cabezota y tu lo sabes, adelante enséñame donde se esconde esa rata.- Al acabar de decir la  frase se calló de repente.
Nastasha seguía un poco aturdida pero empezó a andar y de pronto otra vez la voz precedida por el leve pitido.
-Nastasha querida – dijo con voz dulce -¿por qué no vais Mijaíl y tu? Así no creo que haga ninguna locura…- Y cortó la comunicación.

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