2 ene 2012

Capítulo I. Cuarta parte

   Cuando despertó ya era muy tarde, pasaban varias horas del medio día. La noche había sido larga, interminable; las noticias y recuerdos de su padre le habían causado un tremendo insomnio... también recordó que a su madre nunca la conoció, pues murió al poco de dar a luz. El parto fue largo y doloroso y la mujer se debilitó mucho y no soportó tal esfuerzo.
   La dificultad para conciliar el sueño le costó más de lo que pensaba: al levantarse, vio que estaba solo en la cabaña y que en los alrededores no estaban tampoco ni su esposa ni su hijo; el coche de Nastasha no aparecía por ningún lado. Entró a toda prisa en la cabaña y buscó por todas partes las lleves de su vehículo... no estaban; Nastasha se las había llevado. Pero Vladimir cogió una copia que tenía guardada por si las perdía. De este modo salió a toda prisa carretera de Moscú, seguramente todavía estarían los dos en la fila para entrar al velatorio del fallecido; el problema es que agentes de la KGB tanto uniformados como de incógnito estarían rodeando el recinto. Media hora después, Vladimir ya había aparcado el automóvil cerca de la plaza y se acercó al centro de la misma para intentar avistarlos antes de que entraran.

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