El camino no iba a ser precisamente tranquilo, las
montañas eran peligrosas sin nieve así que con estas tormentas no sería nada
sencillo.
Además el combustible sería escaso y las provisiones
casi nulas durante todo el viaje. Decidió después de revisar la furgoneta y el
combustible restante en el deposito y el los pequeños contenedores que había en
la parte de atrás, que haría la mitad del camino por vías principales pero con
sumo cuidado y el resto por carreteras secundarias, descansando lo suficiente llegaría
en un par de días.
Ya hacia horas que había dejado Moscú y no veía ningún
control militar ni de ninguna otra clase, o el nivel de alerta era bajo o le
dejaban pasar sin revisar el vehículo, a los dos días de viaje cansado y con
bastante hambre llegó a la casa, pequeña, pero confortable.
Cogió la llave que se guardaba en el buzón y bajó al sótano
donde Alexander lo guardaba todo a varios niveles por debajo de la casa y
pasando por un pequeño laberinto de pasillos y puertas que no llevaban a ningún
lugar; allí abajo tenia todo lo necesario: municiones, armas, chalecos, ropa,
provisiones… esta vez no seria él quien saliera huyendo cual rata que escapa de
un peligro inminente, además la vuelta no le preocupaba, lo haría en avioneta y
saltaría en paracaídas encima del edificio. El piloto automático de la aeronave
se encargaría de estrellar el artefacto cerca de un lugar desierto donde no
causara grandes desperfectos.
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