5 jul 2012

Capítulo III continuación 1


En la parte superior del gran congelador había un pequeño teclado y una pantalla que pedía cuatro dígitos, cómo iba a saber cuales eran era imposible, pero en la parte inferior del teclado observó un símbolo, el mismo que tenía la tarjeta del doctor.
Sacó la tarjeta de la cartera que llevaba en el bolsillo trasero del pantalón y la miró detalladamente, pero no vio nada a simple vista, pasando los dedos por una esquina cerca del símbolo notó como un relieve muy pequeño que no distinguía, del maletín que llevaba sacó un lápiz y rayó por encima para así descubrir cuatro pequeños números.
Los tecleó y la tapa empezó a ascender.
-Buenos días, supongo- dijo Sokolov desperezándose –es un poco temprano pero bueno, me parece que ya sabes quien eres ¿no…?
-¡Calla!- le ordenó el hombre que lo había despertado- yo he muerto igual que murió el otro, ahora ya no soy el mismo y te necesito para conseguir lo que quiero.
-Pero…- empezó a decir el doctor.
-Pero , nada, se quien eres y lo que eres, ya trabajabas para Alexander después de la Guerra Fría, te he visto en fotos, tienes tres opciones, yo cogería la “A” pero te las diré todas.
Opción “A” vienes conmigo libremente y me ayudas.
Opción “B” no vienes conmigo libremente pero de todas maneras lo haces.
Opción “C” te quedas aquí y mueres, y sí, se como hacerlo.
Tu decides “camarada”.- Dijo finalmente el autoritario hombre que no se había movido ni un centímetro cuando el amenazado ser le mostró sus afilados colmillos.
-Los tienes bien puestos muchacho, eso es verdad- gruñó el centenario vampiro- llevo años esperando a alguien como tu, te ayudaré, pero primero debemos ir al hospital.
-No te hace falta, donde vamos tienes sangre de sobra y fresca, no tienes que buscarla en un banco de sangre como un pobre busca comida en un contenedor. Sólo te pido una cosa, que lo que caces me lo traigas a mí para que consiga mis fines. ¿Trato?- Dijo el hombre levantando la mano mientras se hacia un corte y ofreciéndosela al vampiro.
-Como queráis “amo”.- Y chupó el corte.
-Muy bien prepara lo que necesites, partiremos lo antes posible.
      -Y usted señor ¿lo tiene todo?- Preguntó el vampiro limpiándose la boca con el reverso de la mano.

Capítulo III (provisional)


La chimenea dejó al descubierto la entrada a lo que parecía ser un profundo, oscuro y húmedo sótano; de las paredes colgaban antorchas que mal iluminaban el camino de bajada por un pasillo angosto y unas empinadas escaleras por las que seguía el rastro de sangre sin perderse, bajo del todo lo que descubrió no acabó de gustarle, demasiado tétrico para él, una sala enorme rodeada de columnas cargadamente decoradas , tapices enormes colgaban del techo de la gruta para descender hasta casi tocar el suelo, de color rojo con detalles en negro y en el centro como unido por las columnas un gran ataúd negro, se acercó no con miedo si no con impaciencia, miró el reloj, si era lo que pensaba aun tardaría en abrirse por si solo.
Se colocó al lado y puso las dos manos encima, estaba frio como el hielo y sin embargo era de madera o lo parecía, empujó la tapa con todas sus fuerzas pero sólo se movió un poco, buscó un apoyo, en una esquina encontró una tubería de canalización un poco suelta, con ingenio consiguió romperla teniendo en un extremo una punta la cual poder clavar para tener más fuerza pero estaba muy oxidada y a las dos forzadas se partió cayendo de espaldas contra el suelo, con tan buena suerte que fue a parar al lado de una especie de palanca de acero templado, eso no se partiría fácilmente.
Golpeó, forzó, forcejeó tanto como pudo y a los diez minutos sin pausa consiguió mover una esquina y un aire frio salió de dentro.
-Ya lo tengo, seguro que está ahí dentro ya que está igual que hace tantos años atrás.- Dijo para sí el allanador.
Metió la palanca en el hueco conseguido y con todas sus fuerzas levantó la tapa astillándola al salir despedida y caer contra el suelo, lo que vio después no se lo esperaba, un congelador gigante, tan grande como para meter dos cuerpos en él y dentro, dormido tranquilamente estaba Yuri Sokolov.