5 jul 2012

Capítulo III (provisional)


La chimenea dejó al descubierto la entrada a lo que parecía ser un profundo, oscuro y húmedo sótano; de las paredes colgaban antorchas que mal iluminaban el camino de bajada por un pasillo angosto y unas empinadas escaleras por las que seguía el rastro de sangre sin perderse, bajo del todo lo que descubrió no acabó de gustarle, demasiado tétrico para él, una sala enorme rodeada de columnas cargadamente decoradas , tapices enormes colgaban del techo de la gruta para descender hasta casi tocar el suelo, de color rojo con detalles en negro y en el centro como unido por las columnas un gran ataúd negro, se acercó no con miedo si no con impaciencia, miró el reloj, si era lo que pensaba aun tardaría en abrirse por si solo.
Se colocó al lado y puso las dos manos encima, estaba frio como el hielo y sin embargo era de madera o lo parecía, empujó la tapa con todas sus fuerzas pero sólo se movió un poco, buscó un apoyo, en una esquina encontró una tubería de canalización un poco suelta, con ingenio consiguió romperla teniendo en un extremo una punta la cual poder clavar para tener más fuerza pero estaba muy oxidada y a las dos forzadas se partió cayendo de espaldas contra el suelo, con tan buena suerte que fue a parar al lado de una especie de palanca de acero templado, eso no se partiría fácilmente.
Golpeó, forzó, forcejeó tanto como pudo y a los diez minutos sin pausa consiguió mover una esquina y un aire frio salió de dentro.
-Ya lo tengo, seguro que está ahí dentro ya que está igual que hace tantos años atrás.- Dijo para sí el allanador.
Metió la palanca en el hueco conseguido y con todas sus fuerzas levantó la tapa astillándola al salir despedida y caer contra el suelo, lo que vio después no se lo esperaba, un congelador gigante, tan grande como para meter dos cuerpos en él y dentro, dormido tranquilamente estaba Yuri Sokolov.

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