-Enfermera vigílelo, si
se despierta tranquilícelo y llámeme inmediatamente, esta así por la medicación,
lleva mucha droga en el organismo, tenemos que evitar que le duela o podríamos
perderlo en un shock, que no le falten ni el suero ni los analgésicos, todavía
es muy pronto para cantar victoria casi lo hemos traído de entre los muertos.-
Le ordenó el doctor a la joven enfermera que lo acompañaba, a lo que está salió
corriendo de la habitación en busca de un carro donde poner todo lo necesario
para los cuidados del enfermo.
Se quedaron solos en la
estancia el doctor y el desmayado paciente, el primero se acercó a la cama y
observo las constantes vitales del segundo en el monitor.
-Resista camarada, hay
que averiguar que les a pasado a los dos, descuide que cuando lo pueda asimilar
le contare lo del otro, ahora descanse.- Le dijo al convaleciente apoyando una
mano en el hombro y regulando la salida del gotero salió de la habitación
saludando al enfermo con honores militares.
A los pocos días se
despertó solo en la habitación del hospital, le dolía todo, estaba confuso y
desorientado, recordaba poco o nada de las últimas semanas solamente el tiroteo
y la explosión después nada, ¿había sobrevivido a la explosión?, eso parecía pero
a costa de quién y cómo.
Ese día transcurrió
tranquilo, sin visitas, aunque por la tarde ya casi entrando en la noche se
acercó de visita el doctor.
-Hola, me presento de
nuevo soy el doctor Sokolov, Yuri Sokolov.- Dijo con una sonrisa en la cara.
-Hola, supongo, me
acuerdo vagamente de su cara doctor…- dijo el paciente y la venda le rozó la
piel produciendo con el tacto un ligero dolor.
-Sokolov, doctor
Sokolov, realmente no se acuerda de nada ¿verdad?- Comentó el doctor sin
sorprenderse. - Por la mañana vendré para llevarle a quitarle las vendas, descanse.
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