5 jul 2012

Capítulo II continuación final


Pasaron los años y todo seguía igual, no evolucionaba su estado, seguía enseñando pero nada estimulaba sus recuerdos.
Una noche que se quedó hasta tarde preparando unas pruebas para los alumnos al día siguiente al volver en el coche, un animal se le cruzó y dio un volantazo estreyándose lateralmente su vehículo contra un árbol, el golpe que se llevó en la cabeza le hizo recordar todo, quedó dos horas inconsciente, por la mañana cuando despertó aunque un poco dolorido, revisó el automóvil y vio que el golpe no fue tan fuerte, sólo tenia rasguños, así que condujo hacia el hospital donde trabajaba Sokolov, al llegar le dijeron que no estaba que ese día trabajaba de noche, así que decidió ir a su casa a buscarlo.
Se metió en el coche y condujo lo más rápido que pudo para llegar a la casa del doctor, este le había dado una tarjeta que decía donde encontrarlo si necesitaba hablar alguna vez, encontró la puerta abierta pero dentro no había nadie.
Subió por las escaleras al dormitorio pero estaba impoluto, nadie lo gastaba en años parecía a juzgar por las marcas de polvo; pero en la cocina si que encontró señales de al menos una cena romántica, no muy antigua, dos copas, una botella de vino, velas buena vajilla…
Revisando la casa antes de irse, encontró unas manchas en el suelo cerca del sofá, las manchas parecían sangre y efectivamente lo eran y recientes además, encontró un rastro que seguir que lo llevó hacia una chimenea poco gastada, pero algo no cuadraba en ese lugar de la casa, aunque todos los muebles de la casa eran modernos, vivos; la chimenea tenía un aire retro que no se había tocado; candelabros, fotos de familia muy antiguas, ganchos para las herramientas… una esquina parecía rozar con la pared dejando una marca, la miró con detenimiento y vio un candelabro ligeramente inclinado, lo tocó y la chimenea se deslizó como si no fuera de piedra.

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