Pasaron los años y todo
seguía igual, no evolucionaba su estado, seguía enseñando pero nada estimulaba sus
recuerdos.
Una noche que se quedó
hasta tarde preparando unas pruebas para los alumnos al día siguiente al volver
en el coche, un animal se le cruzó y dio un volantazo estreyándose lateralmente
su vehículo contra un árbol, el golpe que se llevó en la cabeza le hizo
recordar todo, quedó dos horas inconsciente, por la mañana cuando despertó
aunque un poco dolorido, revisó el automóvil y vio que el golpe no fue tan
fuerte, sólo tenia rasguños, así que condujo hacia el hospital donde trabajaba Sokolov,
al llegar le dijeron que no estaba que ese día trabajaba de noche, así que decidió
ir a su casa a buscarlo.
Se metió en el coche y
condujo lo más rápido que pudo para llegar a la casa del doctor, este le había dado
una tarjeta que decía donde encontrarlo si necesitaba hablar alguna vez,
encontró la puerta abierta pero dentro no había nadie.
Subió por las escaleras
al dormitorio pero estaba impoluto, nadie lo gastaba en años parecía a juzgar
por las marcas de polvo; pero en la cocina si que encontró señales de al menos
una cena romántica, no muy antigua, dos copas, una botella de vino, velas buena
vajilla…
Revisando la casa antes
de irse, encontró unas manchas en el suelo cerca del sofá, las manchas parecían
sangre y efectivamente lo eran y recientes además, encontró un rastro que
seguir que lo llevó hacia una chimenea poco gastada, pero algo no cuadraba en
ese lugar de la casa, aunque todos los muebles de la casa eran modernos, vivos;
la chimenea tenía un aire retro que no se había tocado; candelabros, fotos de
familia muy antiguas, ganchos para las herramientas… una esquina parecía rozar con
la pared dejando una marca, la miró con detenimiento y vio un candelabro
ligeramente inclinado, lo tocó y la chimenea se deslizó como si no fuera de
piedra.
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