-Buenos días ¿puede
levantarse por usted mismo o mejor le hago llamar un carro? vamos a dar una vuelta y que le de el aire fresco, no
tardaremos en quitarle las vendas, evoluciona favorablemente y más rápido de lo
esperado.- Le dijo el doctor desde la puerta con un ademán para que lo
siguiera.
El paciente hizo un
gesto como para levantarse y al principio le fallaron las piernas pero apoyándose
en la barra del gotero se pudo sujetar sin problemas y comenzó a andar poco a
poco detrás del doctor.
-Sígame por este
pasillo, después iremos a la sala de curas y le quitaremos las vendas del
cuerpo.- Dijo Sokolov sin siquiera darse la vuelta. –Su camarada… cómo se lo
digo, no lo consiguió pero gracias a él usted sigue con vida, nos costó
reconstruirle pero lo conseguimos, eso sí necesitará un tiempo para
acostumbrarse a lo nuevo que le espera, no se preocupe por el cuerpo del otro,
nos ocupamos de él limpiamente y según sus creencias, la documentación de los
dos ya no sirve, se le asignará otra cuando se recupere.- El doctor hablaba y
hablaba, el paciente asimilaba lo que podía mientras caminaba poco a poco con
dolor.
Subieron por el ascensor
y llegaron a las plantas superiores, salieron a la azotea.
-¿Qué le parece el aire
fresco?- preguntó el doctor.
-Sienta bien poder
respirarlo de nuevo, doctor ¿qué me pasó realmente?- Contestó con voz todavía ronca
y con tirones en los puntos.
-Todo a su tiempo, ahora
toca bajar para que le curemos querido camarada.- Le dijo señalando el ascensor
cogiéndolo afectuosamente por el hombro.
-Doctor ¿por qué me
llama camarada? si no le conozco.- Preguntó el hospitalizado un poco
sorprendido por las continuas palabras del médico.
-Porque lo somos, aunque
usted no me recuerde yo a ustedes dos sí, es una lástima que el otro
falleciera.- Dijo Sokolov tristemente afectado.
-¿El otro? ¿y el nombre?
yo ya no recuerdo ni quién soy.- Se extrañó el hombre de la venda.
-Es normal que no
recuerde pero con el tiempo saldrá todo y recordará, ahora si no le importa
bajemos y déjenos hacer nuestro trabajo.- Insistió Sokolov.
-Muy bien doctor, no se
por qué pero me fio de usted.- Asintió levemente y comenzó a andar.
-Excelente, hoy dormirá
sin vendas y la quitaremos los puntos y las vías, así poco a poco podrá ir
comiendo sólido de nuevo.- Detallaba el doctor mientras bajaban a la sala de
curas.
Bajaron los pisos y
llegaron a una sala donde esperaban tres enfermeras, indicaron al paciente que
se recostara en una camilla cercana y que se relajara. Las enfermeras lo ataron
de pies y manos pues las vendas apegadas le podían hacer daño al ser retiradas
y no debía moverse, una vez sujeto empezaron a mojar las vendas y las retiraron
con sumo cuidado, el bello rostro del paciente ya no lo era tanto pero
conservaba su esencia y su mirada, una vez retiradas las vendas prosiguieron limpiando
heridas, quitando costras y piel muerta y luego finalmente los puntos, una vez acabada
toda operación incorporaron al paciente y le ofrecieron agua, cuando hubo
bebido y se recuperó un poco le ofrecieron un espejo de mano.
No hay comentarios:
Publicar un comentario