4 jul 2012

Capítulo II continuación 3


-Buenos días ¿puede levantarse por usted mismo o mejor le hago llamar un carro? vamos a dar  una vuelta y que le de el aire fresco, no tardaremos en quitarle las vendas, evoluciona favorablemente y más rápido de lo esperado.- Le dijo el doctor desde la puerta con un ademán para que lo siguiera.
El paciente hizo un gesto como para levantarse y al principio le fallaron las piernas pero apoyándose en la barra del gotero se pudo sujetar sin problemas y comenzó a andar poco a poco detrás del doctor.
-Sígame por este pasillo, después iremos a la sala de curas y le quitaremos las vendas del cuerpo.- Dijo Sokolov sin siquiera darse la vuelta. –Su camarada… cómo se lo digo, no lo consiguió pero gracias a él usted sigue con vida, nos costó reconstruirle pero lo conseguimos, eso sí necesitará un tiempo para acostumbrarse a lo nuevo que le espera, no se preocupe por el cuerpo del otro, nos ocupamos de él limpiamente y según sus creencias, la documentación de los dos ya no sirve, se le asignará otra cuando se recupere.- El doctor hablaba y hablaba, el paciente asimilaba lo que podía mientras caminaba poco a poco con dolor.
Subieron por el ascensor y llegaron a las plantas superiores, salieron a la azotea.
-¿Qué le parece el aire fresco?- preguntó el doctor.
-Sienta bien poder respirarlo de nuevo, doctor ¿qué me pasó realmente?- Contestó con voz todavía ronca y con tirones en los puntos.
-Todo a su tiempo, ahora toca bajar para que le curemos querido camarada.- Le dijo señalando el ascensor cogiéndolo afectuosamente por el hombro.
-Doctor ¿por qué me llama camarada? si no le conozco.- Preguntó el hospitalizado un poco sorprendido por las continuas palabras del médico.
-Porque lo somos, aunque usted no me recuerde yo a ustedes dos sí, es una lástima que el otro falleciera.- Dijo Sokolov tristemente afectado.
-¿El otro? ¿y el nombre? yo ya no recuerdo ni quién soy.- Se extrañó el hombre de la venda.
-Es normal que no recuerde pero con el tiempo saldrá todo y recordará, ahora si no le importa bajemos y déjenos hacer nuestro trabajo.- Insistió Sokolov.
-Muy bien doctor, no se por qué pero me fio de usted.- Asintió levemente y comenzó  a andar.
-Excelente, hoy dormirá sin vendas y la quitaremos los puntos y las vías, así poco a poco podrá ir comiendo sólido de nuevo.- Detallaba el doctor mientras bajaban a la sala de curas.
Bajaron los pisos y llegaron a una sala donde esperaban tres enfermeras, indicaron al paciente que se recostara en una camilla cercana y que se relajara. Las enfermeras lo ataron de pies y manos pues las vendas apegadas le podían hacer daño al ser retiradas y no debía moverse, una vez sujeto empezaron a mojar las vendas y las retiraron con sumo cuidado, el bello rostro del paciente ya no lo era tanto pero conservaba su esencia y su mirada, una vez retiradas las vendas prosiguieron limpiando heridas, quitando costras y piel muerta  y luego finalmente los puntos, una vez acabada toda operación incorporaron al paciente y le ofrecieron agua, cuando hubo bebido y se recuperó un poco le ofrecieron un espejo de mano.

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